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25 febrero 2017

China Miéville

Nacido en Londres en 1972, y aunque pudiese parecer lo contrario, China es su verdadero nombre y es de género masculino. Una reminiscencia del pasado hippie de sus padres a los que le gusto su significado «amigo» en la jerga popular. Es fanático del Jungle y el Hip Hop y admite influencias de Buñuel, Kafka, Cortázar, Jack Vance o Kim Stanley Robinson. Miéville es un hombre muy culto, estudioso y completamente comprometido en el ámbito político y social. Ha estudiao en Harvard y Cambridge. Su obra se define como «Gótica Urbana». Le gustaría vivir en ciudades como Nueva York o El Cairo.
Algo se está gestando en la oscuridad de Londres, marcando los márgenes de su territorio con polvo de ladrillo y sangre. Alguien ha asesinado al padre de Saul y le han cargado a él el muerto. Sin embargo, una sombra del deshecho urbano se presenta en su celda y le conduce a la libertad. Un desperdicio llamado Rey Rata. En el ambiente nocturno que bulle tras la fachada londinense, en las alcantarillas, las barriadas y los espacios de podredumbre, Saul conocerá su verdadera naturaleza. Como una maldición, la ciudad se ve azotada por grotescos asesinatos. A golpe de drum'n'bass y jungle, Saul se enfrenta a su extraña herencia.
La metrópolis de Nueva Crobuzón se extiende desde el centro del mundo. Humanos, mutantes y razas arcanas malviven en la penumbra bajo sus chimeneas, donde el río se torna viscoso por los afluentes artificiales, donde las fábricas y fundiciones amartillan la noche. Durante más de mil años, el Parlamento y su brutal milicia han gobernado una vasta economía de obreros y artistas, espías y soldados, magos, yonquis y prostitutas. Pero acaba de llegar un extraño con el bolsillo lleno y una demanda imposible. Y, de forma torpe, inadvertida, algo impensable es liberado.
El Támesis ya no refleja nada y Londres agoniza en las secuelas de una invasión. Quienes no han muerto o desaparecido resisten como pueden, solos, en pandillas o integrados a las erráticas tropas que todavía buscan un significado para una guerra que parece perdida. La humanidad se disgrega, despavorida. Hasta hace poco, unos seres –los imagos–, prisioneros olvidados del hombre, habitaban el otro lado de los espejos condenados a la imitación; ahora gobiernan el cielo, anidan en estaciones de subterráneo y combaten en las calles bajo formas vacilantes. Neutral pero no indiferente, Sholl, el protagonista, ha estudiado a ambos bandos y cree tener un plan para poner fin a la guerra.
Una mujer es hallada muerta en la ciudad de Beszel, en algún lugar de los confines de Europa. Para llevar a cabo la investigación, el inspector Borlú tiene que viajar desde esta decadente ciudad a su urbe rival, idéntica e íntima vecina, la vibrante ciudad de Ul Qoma. Pero cruzar esta frontera significa emprender un viaje tan físico como psíquico, ver aquello que se mantiene invisible. Con el detective de Ul Qoma Qussim Dhatt, Borlú se ve envuelto en un submundo de nacionalistas que intentan destruir la ciudad vecina, y de unificacionistas que sueñan con convertir las dos ciudades en una sola. Mientras los detectives desvelan los secretos de la mujer asesinada, empiezan a sospechar una verdad que podría costarles algo más que sus vidas.
En lo más remoto del ala de investigación del museo de Historia Natural hay un preciado espécimen, algo único e insólito: un calamar gigante que se conserva en perfecto estado. Pero ¿qué consecuencias acarreará la repentina e inverosímil desaparición del animal? Para el conservador del museo, Billy Harrow, será el primer paso de un salto sin red hacia un Londres de cultos enfrentados, magia surrealista, apóstatas y asesinos. La criatura que ha estado custodiando podría ser algo más que una rareza biológica: hay quien asegura que se trata de un dios. Un dios que algunos esperan que acabe con el mundo.
En medio de la capital de un planeta ubicado en las más remotas periferias del universo, se erige la Ciudad Embajada, un enclave diplomático asentado por colonos humanos. Aquí los humanos no son la única forma de vida inteligente. Avice, una de los colonos, goza de un raro y especial vínculo con los seres autóctonos, los enigmáticos Anfitriones… Aunque no puede hablar con ellos. Los únicos humanos que han dominado su peculiar Idioma son un pequeño cuadro de Embajadores. De repente el frágil equilibrio en que conviven humanos y extraterrestres se verá trastornado por la llegada de un nuevo Embajador.

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